Antenas con sentido común

Aleksandr Popov

ANTENAS CON SENTIDO COMÚN
Autor: Pere, EA3DDK

elradioaficionadopatitieso.blogia.com

Durante años, los grandes maestros de la radioafición norteamericana nos han inculcado insistentemente la idea que por cada dólar invertido en la estación de radio, noventa centavos debían ser para la antena, y el resto para el equipo. Los argumentos en los que se apoya este concepto parecen de una solidez aplastante: una buena antena mejora la señal tanto en emisión como en recepción.

Convencidos por estas explicaciones , los radioaficionados nos hemos lanzado a instalar grandes antenas en lo alto de enormes torres, pero, al mismo tiempo que crecían las antenas, aumentaban los problemas. El vecindario no comparte nuestra afición ni acepta estos mamotretos en lo alto de sus edificios, y menos ahora, con la paranoica obsesión por los supuestos y no demostrados efectos nocivos de las ondas electromagnéticas.

Los litigios crecen y acaban en los juzgados, donde se comprueba que, si bien la Ley de Antenas nos protege el derecho a la instalación de antenas, no lo hace contra la incomprensión de los vecinos ni de la fiebre recaudatoria de muchos ayuntamientos, que exigen el pago de permisos de obras menores, como si en vez de montar una antena quisiéramos construir un cuarto de baño en lo alto del mástil.

La fe en las leyes de la física se ha transformado en superstición y, la cultura fálica en la que vivimos inmersos, lleva a muchos radioaficionados a instalar grandes antenas, no por su posible efectividad en concursos y comunicados a largas distancias, sino para tenerla “más grande y larga” que la de los otros compañeros de radio. No importa la calidad ni el uso que se le de, sólo el tamaño. Y como siempre ocurre, la exageración y la falta de radio-cultura, conducen al extremismo, de esta manera es fácil observar directivas de VHF de 16 elementos fijas, en polarización vertical, lo cual demuestra los pocos conocimientos que se tienen sobre este instrumento, y enfocadas permanentemente al repetidor local, para poder soltar la parrafada sin que nadie los interfiera.

La instalación de antenas, junto a los trámites para la obtención del indicativo, son los pasos más sanguinarios del “vía crucis” del radioaficionado. No es de extrañar que algunos opten por un mástil con un dipolo rígido y una vertical en la cúspide. Tal vez sea una manifestación del subconsciente. Pero, mientras que con la Administración la lucha se adivina larga y cruenta, el tema de la elección de antenas es más fácil de solventar, pues sólo hay que ser un poco razonable y aplicar el sentido común.

DUDAS

Cuando el radioaficionado empieza a diseñar su futura estación de radio, ha de plantearse y resolver varias dudas. La primera y seguramente la más importante, es la que se refiere a sus expectativas de futuro, pero reales, no utópicas. ¿Hasta donde se quiere llegar como radioaficionado? Hay que responder con los pies en el suelo y la mano en el corazón, pero usando el cerebro. Si se trabaja, estudia o ambas cosas a la vez, si la jornada laboral supera las ocho horas, si se tiene una familia, esposa/o, novia/o, hijos…, es muy probable que tenga poco tiempo para dedicarse al DX. Me refiero al DX de verdad, el que exige sacrificios en forma de noches en blanco, fines de semana pegados al equipo, inversiones económicas importantes, actualizaciones constantes y mucha, mucha compresión por parte de la familia. Si concurren todas o algunas de estas circunstancias, lo más aconsejable es optar por una antena más asequible, económica y, ¿porqué no? igualmente eficaz. En estos casos, la antena más acertada es el dipolo en cualquiera de sus múltiples versiones, con o sin trampas, windom, plegado, en uve invertida, etc. Su instalación es muy sencilla, admite gran variedad de configuraciones y funciona incluso a bajas alturas.

El segundo interrogante que uno debe plantearse es si podrá soportar el coste económico, no sólo de la instalación, sino también de su mantenimiento y reparación. Las antenas están en el tejado, lejos de las miradas del radioaficionado, que sólo se acuerda de ellas en situaciones puntuales, cuando nieva, llueve, truena o ventea. A veces, cuando sucede alguno de estos fenómenos meteorológicos, recordamos con pesar aquel cable deteriorado, el anclaje oxidado, o la antena demasiado vieja para seguir resistiendo temporales y, en alguna ocasión, ya es demasiado tarde y sólo quedan las lágrimas mojando los papeles del seguro, que es obligatorio e imprescindible.

La tercera cuestión que se plantea es, si vale la pena un gasto tan grande para unos equipos tan sencillos. Realmente, ¿necesitamos una directiva conectada a un transceptor de FM para llegar a un repetidor de otra provincia?, ¿hace falta una colineal de no se cuantos debés de “ganancia” en una gran ciudad absolutamente polucionada por radiaciones electromagnéticas de toda clase?, ¿vale la pena una directiva para HF para hacer cuatro “DX” de fin de semana? ¿Sabemos suficiente inglés para competir en un “pile-up”? La gran mayoría de las veces, un sencillo análisis de la propagación, algo de experiencia y la gran antena del otro corresponsal, este que vive en un rancho de Texas, por decir un país de enormes extensiones y poderío económico, permiten contactos “imposibles” Se ha demostrado la posibilidad de hacer un contacto mediante la técnica de Rebote Lunar con 100 vatios y una directiva de 17 elementos para VHF, evidentemente, contactando con algún “tiburón” como W5UN, que dispone de un campo de antenas tan grande como un campo de fútbol de primera división.

RDX

Una cuestión en la que quiero hacer especial hincapié se refiere a las antenas directivas de VHF, colocadas en posición vertical. Este tipo de instalación es habitual entre quienes acostumbran a practicar la modalidad de “RDX”(diexismo de repetidor). Su lógica no anda del todo desencaminada, pues las antenas de los reemisores son verticales y, por lo tanto, la mejor manera de conseguir una buena señal es que las antenas de sus usuarios tengan el mismo tipo de polarización. Ahora bien, mientras que una Yagi-Uda, colocada en posición horizontal reúne una serie de ventajas, tales como la eliminación o atenuación de señales laterales o traseras, si se permuta a la configuración vertical, pierde todas sus propiedades. El elemento radiante expande su radiación de manera casi omnidireccional, en forma de lóbulo cardioide, como un corazón, donde el punto de inflexión se encuentra en la zona donde está situado el elemento reflector. Por lo demás, capta sin ningún problema las señales procedentes de todas direcciones. Todo lo más, consigue incrementar la potencia de emisión en la dirección deseada, pero a costa de perder calidad y directividad receptora. Eso, que parece una tontería, causa numerosas molestias al resto de radioaficionados, cuando se pretende conectar con un repetidor lejano, situado en la misma frecuencia que el local. Los usuarios que utilizan verticales, no oyen ni activan el otro, pero quien usa una directiva en polarización vertical puede acceder a ambos simultáneamente, y provoca interferencias constantes porque, localmente, su antena actúa como una simple vertical de media onda, aunque esté de espaldas.

Un dipolo para bandas decamétricas es suficiente para hacer contactos alrededor de todo el mundo, y lo digo por experiencia. Tal vez no entraremos en el “Honor Rol”, pero tampoco es seguro que lo consigamos con una instalación “normal”, compuesta por una antena tribanda de tres elementos, una torreta de 10 metros de altura y cable del tipo RG-213, metida en una ciudad. Una vertical del tipo 5/8 para V-UHF, en FM es más que suficiente para llegar con buena señal a cualquier otra estación dentro del ámbito normal para esta banda, además, evitaremos el incordio de los armónicos y las intermodulaciones de otros servicios que tanto molestan, a parte que también habrá menos interferencias entre los propios radioaficionados cercanos. Casi siempre sale más a cuenta comprar un libro que nos enseñe a construir esta antena que deseamos, antes que comprarla directamente al fabricante. Leyendo podremos descubrir si sus virtudes son tantas como nos prometía el folleto publicitario y, por añadidura, aprenderemos como funciona, cosa que nos ayudará a sacarle el máximo rendimiento. No siempre nos interesa conseguir una ganancia elevada, pero en cambio, sí que es deseable un alto grado de eficiencia, conceptos que no siempre van unidos.

MANTENIMIENTO

Así como en un equipo podemos ahorrar algún dinero, comprándolo de segunda mano o con menos prestaciones, la mayoría de las cuales jamás usaremos, las antenas requieren una atención especial en cuanto a su calidad. Hemos de recordar siempre que este elemento estará, durante algunos años, a la intemperie, con oscilaciones de temperatura de más de treinta grados, en ambientes agresivos cargados de polución. Incluso en un pueblecito puede darse el caso de que una fábrica cercana contamine el aire con productos corrosivos. La proximidad del mar es suficiente para que el elemento radiante sufra un deterioro importante y rápido, por ello, es conveniente cerciorarse de la buena calidad de los herrajes, la solidez de su construcción y el correcto diseño del punto de alimentación y/o las bobinas, de manera que no entre agua, ni siquiera humedad ambiental. Los cables de arriostramiento, la tornillería y los anclajes han de ser de un material resistente a la oxidación y compatible con el resto de metales que componen la instalación. A su vez, el mantenimiento debe ser fácil, de manera que pueda realizarse coincidiendo con el inicio de cada estación, sin riesgos ni complicaciones.

He visto muchas fotografías en revistas y páginas de internet, y he visitado bastantes cuartos de radio, a lo largo de mis años como radioaficionado. En todos estos lugares he comprobado que los anfitriones, casi siempre, se vanagloriaban de poseer gran cantidad de equipos o muy caros, pero, salvo honrosas excepciones, lo más pobre e incluso inexistente, ha sido la biblioteca, con libros que traten sobre alguno de los temas de la radioafición. Los radioaficionados acostumbramos a hablar mucho y leer poco, cuando debería ser justamente lo contrario.

De todo lo anteriormente escrito se deduce fácilmente que las antenas han de estar adaptadas a los equipos, las modalidades, el uso y, sobre todo, al propio radioaficionado y sus circunstancias personales. Aquí, como en todas partes, es menester ser un poco crítico con la publicidad y actuar con criterio propio, desarrollado mediante la evaluación responsable y la información adecuada, para no caer en la tentación de comprar por mimetismo o consumo compulsivo.

Este artículo terminó de escribirse en abril de 2004.

En la fotografía Aleksandr Popov, (1859-1905), físico ruso inventor de la Antena

Este artículo es propiedad de su autor, Pere, EA3DDK, a quien agradecemos muy sinceramente el permiso para su publicación en nuestra web.

Puedes ver este artículo y otros muy interesantes en la web del autor: http://elradioaficionadopatitieso.blogia.com

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